Salvador Lairet: el Boli-rey de la noche

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    So much fun at Mynt tonight!” twiteaba la Paris Hilton el 23 de Marzo de 2012 alrededor de las 2 de la mañana. ¿Qué habrá pasado esa noche en la mejor discoteca de Miami para que la reina de los hoteles haga bulla de lo bien que la pasó? Probablemente, esa noche, como tantas otras, Paris se encontró en la discoteca al Rey de la Noche de Miami, el Boliburgués venezolano Salvador Lairet (foto dcha). Salvador Lairet no escatima cuando va a Mynt. Las noches con él son pura decadencia. Su cuenta nunca baja de 15 mil dólares y una noche recuerdo (porque me lo dijo más de un familiar y dos testigos presenciales)  que se descontroló por completo y compró más de 150 botellas del champagne de marca Cristal. Saquen la cuenta si quieren saber cuanto es eso. La cuenta no bajo de 200.000 dólares. Claro, no extrañaría que con esos gastos lo que está haciendo no es más que lavar su dinero sucio y mal habido. El lavado funciona así: Lairet compra botellas de Cristal cuyo precio normal es digamos 1.000 dólares la botella. Pero a él se la cobran a 2.000 dólares. A fin de mes, la discoteca le paga una “comisión” por todo lo que él y sus amigos generaron en ingresos. De este modo, Lairet recupera gran parte de sus suntuosos gastos, y consigue lavar su dinero sucio.

    Salvador no es un visitante más en Mynt. Es el rey de la noche. Los empleados de la discoteca lo tratan como dueño y le encanta posar en fotos con Romain Zago, frontman del lugar. Si un día pasan por ahí, busquen al bouncer con el Rolex de oro. Se lo regaló Salvador y costo más de 25.000 dólares. Claro, eso no es mucho comparado con todos los que tiene, y que diariamente cambia. Las excentricidades de Salvador no se limitan solamente a las noches de Mynt. El año pasado, Salvador se dio el gusto de comprar algunos carros de lujo (incluyendo uno que otro Lamborghini), todos a un precio superior a los 100.000 dólares, en el conocido car dealer The Collection. En Febrero de este año, se trajo desde Southampton a Maimi un yate Sunseeker Predator 80, valuado en unos 4.500.000 de dólares. El indiscreto hasta puso su nombre y apellido en la factura de transporte. Hagan el calculo: para comprarse la misma lanchita un obrero venezolano ganando el sueldo mínimo tendría que trabajar todos los meses y ahorrar (sin gastar un medio) durante 854 años para comprársela.

    ¿Pero qué hizo Salvador para llegar a acumular tanto dinero? Todos tenemos el derecho, en una sociedad libre y justa, de acumular bienes y hasta millones de dólares, siempre y cuando no sea producto de la corrupción o el hurto. Se dice que Salvador primero arrancó junto con Leopoldo Lares Sultán en el guiso de las tarjetas de crédito a través del banco Banorte de Jose Zambrano. No soy experto en el tema, pero entiendo que esto funcionaba algo así: el juego consistía en que Banorte le aprobaba una gran cantidad de tarjetas de crédito -con cupo de dólares preferenciales de CADIVI usurpando identidades de personas que nunca se enteraron del guiso- y luego él pasaba estas tarjetas por puntos de venta en Aruba, Curacao, Panama y Miami, consiguiendo así diferenciales enormes. Cuando CADIVI comenzó a imponer mayores controles a la cantidad de dólares asignados a tarjetas de crédito, Salvador decidió dar un paso más y pensar en grande, moviendo su negocio al tema de la importación. Con contactos en CADIVI que le permiten acceder a dólares baratos, y aprovechandose del SUCRE, Salvador se inventa importaciones que luego son declaradas con sobreprecio por funcionarios de aduanas que forman parte del guiso. Este negocio de importaciones sobrevaloradas fue el que lo llevo a su actual riqueza, robando a más no poder en Venezuela.

    Salvador personifica lo que el dinero fácil y mal habido causa en las personas. Él puede ser visto como un síntoma, una ilustración, y también la causa de la corrupción de otros. Salvador Lairet es producto principal de exportación de la robolución chavista. No nos engañemos: la falta de moral que hoy impera en Venezuela se debe a la ausencia absoluta del estado de derecho y de un poder judicial independiente. En ese marco, la codicia y el crimen organizado se dan la mano, a sabiendas que nada de lo que hagan será investigado y si lo es, siempre existe la posibilidad de volar en jets propios a Panamá, Republica Dominicana o Miami. Sea el carajito este del night-club o un ministro de algún “poder popular”, es lo mismo. Todos hemos sido cómplices en Venezuela, por haber callado por tanto tiempo, por haber aceptado a los corruptos de vieja y nuava data en el seno de nuestra sociedad. Mi abuelo solía decirme: “la corrupción ha sido un problema desde Guzmán Blanco y siempre lo será.” Pero debemos cambiar. Es hora de que se sepa quién es Salvador Lairet. Es hora de que empiece el ajuste de cuentas y el rechazo absoluto a la aceptación de los bandidos en la “sociedad.”  

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